¡Ay hombre! què dulce
es el sabor de tu nombre,
como dàctiles remotos
que durmieron en mi boca.
Tu figura se desvanece
a travèz de mi lànguida mirada.
Tu perfume desaparece,
dejando vana estela en la nada.
Tus caricias quedaron
truncadas en la frìa almohada.
¡Ay, hombre que dulce
es el sabor de tu nombre!
Fdo. Laura Daniely
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